Abrines, otro niño de oro

La situación del Unicaja es delicada. Ha perdido 12 de los últimos 13 partidos entre Liga y Euroliga. La plaga de lesiones que asola a los malagueños se ha unido a su indudable talento como razón para que Álex tenga hueco en el primer equipo. Ha convencido a Chus Mateo y se le ve muy suelto en la cancha. “No tengo miedo. Entreno cada día con jugadores como Freeland y Zoric y si voy con miedo ante ellos, me llevo un tapón. En los partidos pasa lo mismo”, cuenta.

De niño a hombre
El paso de Abrines a profesionales fue fulgurante. Era júnior de primer año en el colegio La Salle de Palma de Mallorca. Se entrenó algún día con el CAI y acudió a un campus del Unicaja con el ex entrenador Pepe Laso de tutor. A las 48 horas, los malagueños le querían fichar. En dos días pasó de jugar en Primera nacional y campeonatos de Baleares a competir con profesionales. “Dejó impresionados a todos”, recuerda Laso.

El año pasado compatibilizó el júnior de Unicaja con el Clínicas Rincón, en la Adecco Oro. Su rendimiento llamó la atención de la Federación Española. “Sólo he llamado dos veces a José Luis Sáez (Presidente de la FEB) para hablarle sobre un jugador al que estaba viendo en directo. El primero fue Ricky. El segundo, Abrines”, rememora Ángel Palmi, director deportivo de la FEB.

Al alero del Unicaja ya le han buscado parecidos. La comparación con Rudy es normal y no sólo por ser mallorquín. Su físico parece frágil, pero engaña: es rápido, potente y tiene buena mano, su principal virtud. “Me veo cierto parecido con él, pero me falta mucho por hacer para acercarme. Debo mejorar el manejo de balón y la defensa”, reconoce.

Pero, el jugador de los Nuggets no es su espejo. “Mi jugador favorito es Berni. Es que si no le digo a él, me mata”, bromea. De su capitán admira su cercanía, lo que ayuda a todos y su fidelidad: “Me gustaría estar toda la carrera en el mismo sitio, como él”.

Hijo de Gabriel Abrines, que jugó 132 partidos en la ACB entre Huesca, Cáceres, Granca y Fuenla, Álex estaba destinado al basket. “Lo intenté con el fútbol, pero mis padres enseguida me convencieron para cambiar de deporte”, relata. Y valora positivamente la influencia paterna: “Me da muchos consejos. Es una ventaja tener un padre ex jugador”.

Ahora, las recomendaciones son por teléfono. La familia está en Mallorca. Entre viajes, partidos y entrenamientos, él pasa los ratos libres jugando a la PlayStation y estudiando administración y dirección de empresas a distancia. También suele ver fútbol, aunque no es un fanático. Le tira el blanco tal vez por influencia de su padre, que pasó por el júnior del Madrid. “Igual eso es un problema si un día quiero fichar por otro equipo”, finaliza riendo.

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